Imágenes: Erick Moreno

A gritos de “¡Oeh, oeh, oeh Jacob, Jacob!” El público del Pepsi Center recibía al músico británico Jacob Collier, en el recorrido de la gira “DJesse World Tour”, en la Ciudad de México.
Con un singular sentido rítmico y musical al salir al escenario, Jacob Collier hizo cantar al Pepsi Center con batimentos vocales de agudo a grave que el público supo muy bien imitar para dar comienzo a este tremendo concierto plagado de voces superpuestas, ritmos fascinantes, armonías complejas y mucha energía, mismas que caracterizan la música y los espectáculos de Jacob, quien sabe usar la música dodecafónica con un extraordinario revestimiento de música contemporánea llena de armonía jazzista y tremendos estables vocales y musicales que cautivan al público entero.
Sentado al piano, corriendo, brincando, tomando sus guitarras, haciendo coros, intercalando su tesitura vocal aguda con el estupendo acompañamiento vocal de sus coristas y músicos en medio de un frenesí musical, Jacob supo intercalar momentos acústicos ejecutando toda clase de instrumentos de cuerda y de teclado con el que llevó de la mano a su público mexicano en un sube y baja de experiencias sonoras y ritmos bien acompasados, ofreciendo un concierto variado y lleno de musicalidad que el público disfrutó de principio a fin al cantar todas sus melodías.
Jacob mostró maestría al hacer uso del dodecafonismo sonoro musical, dando a sus canciones románticas a dúo un matiz expresionista e involucrando al público en sus finales de canción con acordes, timbres y sonoridades que hicieron del Pepsi Center un cajón enorme a manera de instrumento musical en donde las almas y las voces generaron música armónica modernista suave, cálida, cautivadora y divertida que como nadie lo hace sobre el escenario.
A manera de experimento sonoro, rítmico y musical, las disonancias, las armonías y el juego rítmico de los instrumentos musicales mezclados con los coros, timbres y melodías, hicieron una mezcla esotérica cual alquimia para hacer resonar los cuerpos de los presentes, jugando con ellos con una suma de ritmos, métricas, acentos y ritmos que iban del Funky, la balada, el rock, de lo explosivo a lo tierno y relajado, pero siempre al más puro estilo de Collier, quien sorprendió también en la ejecución musical del bajo eléctrico, el piano, instrumentos de tecla y de cuerda punteados, pero sobre todo del juego de voces y armonías tan épicas que serán inmortales.
Mostrando su sencillez como artista y músico, Jacob invitó a un joven de nombre Eduardo a interpretar junto a él un tema musical armonizado con el piano y la guitarra mientras Collier hacía lucir su timbre vocal suave con su canción “I Know (a Little)”, usando un registro de voz media y alcanzando notas realmente altas que remiten a la naturaleza y las montañas. Posteriormente dio paso a la música épica que suele ejecutar con sonoridad celestial y con mezcla de efecto vocal con la que interpreto “Can’t Help falling in Love” que hiciera famosa el mismo Elvis Presley, pero con una interpretación que nos recuerda el sonido del theremín.
Haciendo notar que el ser humano por naturaleza es capaz de reproducir sonidos y generar armonía o musicalidad, Jacob Collier aprovechó cada momento y oportunidad que tuvo para llevar al público a un éxtasis sonoro para después invitarlos a dar la nota final musical, perfectamente bien afinada mientras él dirigía la duración, la altura del sonido, el volumen o mientras aprovechaba a tomar otro instrumento para marcar el cierre de dicha canción a piacere, enloqueciendo a todos y generando un sentido de unidad que solamente puede lograr la música.
La parte más lúdica del concierto llegó cuando Jacob y su baterista hicieron gala de sus dotes musicales al ejecutar un solo de batería que parecía más un duelo de titanes, demostrando cada cual su habilidad y dominio del instrumento, pero también su pasión y el tremendo gusto que sientes por hacer música en vivo, con lo que logran transmitir mucha energía, haciendo vibrar y poniendo a bailar a tope el público que ya es presa del enajenante poder de la música cuando se sabe llevar las riendas como lo hace Collier, quien fue de la percusión al piano para ejecutar un solo en su versión de “Oye cómo va”.
Y como homenaje a la música mexicana, Jacob, acompañándose del piano y de las portentosas voces de sus dos coristas, interpretó muy a su estilo la canción “Bésame Mucho”, jugando con la melodía, las texturas de sus voces, y con la magia del ensamble vocal, cerrando así la interpretación de la mundialmente conocida canción de amor de Consuelo Velázquez, para deleite del público mexicano que disfrutó de cada tema e interacción que tuvo Collier a cada momento.
